El avance de la inteligencia artificial y el análisis masivo de datos promete una revolución de eficiencia en el campo. Sin embargo, un nuevo informe del Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles (IPES Food) titulado “Head in the Cloud” (La cabeza en la nube), enciende las alarmas: la digitalización del agro, liderada por las grandes tecnológicas (Big Tech), podría estar profundizando la brecha entre los grandes mercados y los productores locales del Sur Global.

¿Innovación o dependencia tecnológica?

La agricultura de precisión —que utiliza drones, satélites y algoritmos para ajustar el riego o los fertilizantes— se vende como la solución definitiva contra el cambio climático. Pero el informe cuestiona el modelo de negocio detrás de estas herramientas.

Muchos de estos sistemas están integrados en plataformas privadas de empresas como Microsoft, Amazon o Google. Esto genera los denominados “bloqueos tecnológicos”: una vez que un productor invierte en maquinaria conectada y software de suscripción, le resulta casi imposible (y carísimo) cambiar de sistema, quedando atado a las reglas de una corporación lejana.

El peligro de silenciar el conocimiento del agricultor

Uno de los puntos más críticos señalados por los expertos es la marginación del saber acumulado por generaciones. Cuando un algoritmo toma todas las decisiones sobre cuándo sembrar o qué pesticida aplicar, el criterio del agricultor queda en un segundo plano.

“Cuando los agricultores perdemos el control sobre nuestros datos y decisiones, perdemos el control de nuestra producción”, advierte Nettie Wiebe, experta de IPES Food.

Este modelo puede derivar en:

  • Pérdida de diversidad: Los algoritmos suelen priorizar monocultivos estandarizados, aumentando la vulnerabilidad ante plagas.
  • Extracción de valor: Las plataformas recogen datos gratuitos generados por el trabajo en el campo para fortalecer sus propios sistemas, sin que ese beneficio retorne equitativamente al productor.
  • Vulnerabilidad ecológica: La estandarización digital reduce la capacidad de respuesta local ante crisis imprevistas.

Los contrapesos: Innovación desde la base

Frente a la centralización de las Big Tech, comunidades de todo el mundo están demostrando que existen alternativas descentralizadas que priorizan la sostenibilidad y la autonomía:

  • Andes Peruanos: Comunidades campesinas protegen la diversidad genética de más de 1.000 variedades de patata, manteniendo el control sobre sus propios recursos.
  • China: La Red de Semillas de Agricultores (FSN) media entre comunidades e instituciones para preservar variedades locales frente a la presión agroindustrial.
  • Europa: En países como Francia y Bélgica, se entrena a agricultores en la autogestión y reparación de su propia tecnología para no depender de maquinaria costosa y cerrada.

Hacia una tecnología para el agricultor, no sobre él

El informe concluye que la digitalización no es mala por sí misma, sino por su dirección actual. Se estima que las alianzas entre tecnológicas y empresas agroindustriales movieron más de 11.000 millones de dólares en 2024, mientras que los sistemas gestionados por agricultores reciben una fracción mínima de inversión pública.

La verdadera innovación debe ser aquella que dote de poder a los pequeños productores y respete la biodiversidad local, asegurando que la tecnología sea una herramienta de apoyo y no un mecanismo de control externo.

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