El informe más reciente de la ONU, Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2025, arroja una conclusión agridulce para nuestra región: por cuarto año consecutivo, los niveles de subalimentación han disminuido, pero el acceso a una nutrición de calidad se ha vuelto un desafío económico sin precedentes.
Los avances en la lucha contra el hambre
Desde 2020, América Latina y el Caribe han logrado que 6,2 millones de personas dejen de pasar hambre. Este progreso sitúa la prevalencia de subalimentación en un 5,1% a nivel regional, con países como Brasil, Uruguay y Costa Rica liderando la tabla con índices inferiores al 2,5%.
América del Sur ha sido el motor de esta mejora, logrando reducir el hambre casi un punto porcentual en solo dos años. Sin embargo, esta tendencia positiva no es uniforme; mientras Mesoamérica se mantiene estable, el Caribe enfrenta una realidad crítica, impulsada principalmente por la situación de vulnerabilidad extrema en Haití.
El costo de comer sano: Un lujo regional
A pesar de la mayor disponibilidad de alimentos, el informe destaca una barrera económica infranqueable: América Latina es la región más cara del mundo para acceder a una dieta saludable.
- Costo diario: Una dieta nutritiva cuesta, en promedio, 5,16 dólares al día por persona.
- Población excluida: Aunque 15 millones de personas ganaron acceso a una mejor alimentación desde 2021, todavía existen 181,9 millones de personas que no pueden costear una dieta sana.
- Brecha de género: La inseguridad alimentaria sigue afectando más a las mujeres, con una diferencia de más de 5 puntos porcentuales respecto a los hombres.
La paradoja de la obesidad
La dificultad para costear alimentos frescos y nutritivos ha empujado a gran parte de la población hacia productos ultraprocesados de bajo costo y alta densidad calórica. Esto ha disparado los índices de malnutrición por exceso:
- Adultos: Casi el 30% de la población adulta sufre de obesidad, una cifra que duplica el promedio mundial (15,8%).
- Infancia: El sobrepeso en niños menores de 5 años alcanzó el 8,8%, una cifra que aleja a la región de las metas globales de salud para 2030.
Hacia una política de acceso y calidad
Los representantes de agencias como la FAO, UNICEF y el PMA coinciden en que la reducción del hambre es solo el primer paso. El desafío actual ya no es solo que la comida llegue a la mesa, sino que lo que llegue sea capaz de nutrir.
El llamado a la acción es claro: se requieren políticas integrales que no solo combatan la carencia, sino que regulen el entorno alimentario, mejoren los ingresos y reduzcan las brechas de género para asegurar que la salud nutricional no sea un privilegio de pocos, sino un derecho accesible para todos.
