En Paraguay, la problemática de la obesidad ha alcanzado proporciones alarmantes. Según el Ministerio de Salud Pública, un 20% de la población adulta y un preocupante 34% de niños y niñas sufren de sobrepeso u obesidad. Estas cifras revelan una tendencia creciente que requiere una atención urgente.

Detrás de esta “epidemia” silenciosa se encuentra el Sistema Agroalimentario global, el cual, paradójicamente, no está diseñado para producir alimentos que satisfagan las necesidades de la población, sino para generar ganancias y concentrarlas en manos de unos pocos. Como señala Marcos Filardi, experto en Soberanía Alimentaria, en el Atlas de los Sistemas Agroalimentarios, el sistema agroindustrial dominante, conocido también como agronegocio transgénico en nuestra región, no tiene como objetivo principal la producción de alimentos.

La proliferación de productos ultraprocesados, carentes de valor nutricional y cargados de azúcar, sodio y grasas, sumado a la falta de actividad física, se ha convertido en una de las principales causas del sobrepeso y la obesidad. Estos alimentos son altamente rentables para la industria alimentaria, pero perjudiciales para aquellos que los consumen, ya que están estrechamente vinculados a la pandemia global de enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes tipo II y la hipertensión.

El modelo dominante del sistema agroindustrial se caracteriza por la producción masiva de monocultivos destinados principalmente a la exportación, utilizando paquetes tecnológicos basados en transgénicos, agrotóxicos y fertilizantes sintéticos. Esta forma de producción, centrada en la generación de commodities, no tiene como objetivo primordial alimentar a las personas, sino generar ganancias para las corporaciones.

Este sistema agroindustrial, en su conjunto, perturba la capacidad de mantener sistemas alimentarios resilientes en los distintos territorios y promueve la privatización de recursos esenciales como semillas, agua, saberes y alimentos en sí mismos.

Ante esta situación preocupante, es fundamental impulsar la Soberanía Alimentaria como una solución. Desde esta perspectiva, la alimentación no puede ser tratada como una mera mercancía sujeta a las leyes del mercado, sino como un derecho humano fundamental que el Estado debe reconocer y garantizar en todos los niveles. Es imperativo que el Estado organice el sistema agroalimentario y el aparato gubernamental para asegurar que todas las personas tengan acceso regular, permanente y libre a una alimentación adecuada en términos cuantitativos, cualitativos y culturalmente apropiados.

La soberanía alimentaria implica romper con la lógica del agronegocio y promover prácticas agrícolas sostenibles, fomentar la producción local y diversificada de alimentos, apoyar a los pequeños agricultores y garantizar la participación activa de las comunidades en la toma de decisiones relacionadas con la producción y distribución de alimentos.

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