Unas pocas plantas excepcionales desafían el tiempo, insistiendo en la resiliencia ecológica. Desde Pando
en Utah hasta las praderas de Posidonia en el Mediterráneo, sus historias milenarias revelan lecciones
vitales sobre el cambio climático y la conservación del planeta.

Un puñado de plantas repartidas por desiertos, montañas, mares y bosques templados están
desafiando al tiempo. Algunas continúan vivas tras varios milenios e incluso decenas de miles
de años, ya sea como individuos longevos o como colonias clonales que se autorreproducen sin
interrupción.

La longevidad vegetal puede medirse de dos formas principales:
Individuos no clonales: un único organismo que se mantiene vivo durante miles de años,
añadiendo tejido nuevo sobre el antiguo (por ejemplo, los pinos longevos de alta montaña).
Colonias clonales: un genotipo que se perpetúa al dividirse y expandirse de forma
vegetativa; aunque los tallos o ramas mueran y se renueven, el organismo genético (el
“individuo” clonal) puede persistir durante decenas de milenios.

Los científicos emplean varias técnicas complementarias:
Dendrocronología: conteo de anillos de crecimiento en árboles, el estándar para individuos
no clonales.
Datación por radiocarbono: aplicada a madera muerta asociada, raíces antiguas o
sedimentos atrapados en torno a la planta.
Genética de poblaciones: compara el ADN de brotes separados para determinar si
pertenecen al mismo clon y modelar su expansión en el tiempo.

En Utah (EE. UU.): un bosque que es un solo árbol. Pando, una colonia de álamo temblón
(Populus tremuloides) en el Bosque Nacional Fishlake, abarca más de 40 hectáreas y
decenas de miles de tallos genéticamente idénticos conectados por una red de raíces.
Estimaciones basadas en dinámica del clon sitúan su edad al menos en miles de años;
algunas extrapolaciones la llevan a decenas de miles. Su persistencia depende del rebrote
constante, hoy amenazado por herbivoría y cambios en los regímenes de fuego.

Desierto de Mojave (EE. UU.): un círculo de resurrección. El anillo “King Clone” de
gobernadora (Larrea tridentata), cercano a Lucerne Valley, California, tiene unos 11.000–
12.000 años según dataciones de sus porciones más antiguas y tasas de expansión radial.

Cada tallo vive unos siglos, pero el círculo completo se regenera a medida que el centro
muere y el borde externo coloniza nuevo suelo.

Tasmania (Australia): linajes que superan la última glaciación. En el suroeste de
Tasmania, la “hiedra” de King (Lomatia tasmanica) persiste como clon estéril que se
propaga por brotes; análisis de hojas fósiles genéticamente idénticas sugieren una edad
superior a 40.000 años. En la misma isla, los “pinos huon” (Lagarostrobos franklinii)
forman rodales clonales con individuos de varios milenios y colonias que, por continuidad
genética, superan los 10.000 años.

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