
El balance de las actividades y encuentros sectoriales registrados a lo largo de los meses de agosto y septiembre de este año dejó una lectura clara compartida por las organizaciones sociales: el empoderamiento económico de las mujeres rurales es inseparable de su participación activa en los espacios de liderazgo y gobernanza comunitaria.
Si bien las mujeres constituyen el pilar fundamental en la gestión de las parcelas, la producción de alimentos y la comercialización en ferias, su presencia en las comisiones directivas de juntas de saneamiento, comités de productores, cooperativas agrarias y comisiones vecinales sigue enfrentando barreras culturales e institucionales que limitan su voz en la toma de decisiones estratégicas. Tradicionalmente, los cargos de representación y manejo financiero han quedado en manos de varones, invisibilizando el peso real del aporte femenino en la economía local.
Sin embargo, las experiencias registradas durante este bimestre demuestran que cuando las productoras se organizan en comités exclusivos de mujeres o logran cuotas de participación paritaria en las estructuras comunitarias, la gestión de los recursos públicos y comunitarios se vuelve más transparente, solidaria y orientada al bienestar familiar.
Dirigentas agrarias insisten en que las instituciones del Estado y los gobiernos departamentales deben condicionar sus programas de asistencia a la inclusión real de mujeres en los comités de gobernanza local, además de promover programas específicos de formación en liderazgo y gestión pública para lideresas rurales. Garantizar que la voz y el voto de las mujeres tengan el mismo peso en la planificación del desarrollo agrario es el paso definitivo para construir comunidades más justas, democráticas y económicamente resilientes.
